14/05/13

En caliente, por Diego Carasusán


Aquel penalti de Kovacevic

Hay instantes que se quedan grabados para siempre. Momentos que, al vivirse con tanta pasión, se marcan en el alma hasta la muerte. En mi particular historia de amor con la Real hay muchos de esos fogonazos que llevo en el cuerpo como cicatrices perennes. Ayer, cuando la Real empataba a uno ante el Granada, recordé una de esas heridas de guerra.

Era también en Anoeta, también en lunes, también en partido televisado, y también con la Champions en juego a cuatro jornadas para el final. El rival era el Deportivo de La Coruña, y el partido llegó a los minutos finales con un empate a uno que no servía de mucho a una Real que había gozado de infinidad de oportunidades para marcar sin conseguirlo. Creo recordar que fue en el descuento cuando Gica se internó en el área y fue objeto de penalti. El éxtasis se apoderó de una grada que presentaba una magnífica entrada pese a ser un lunes. Yo estaba ahí. Me abracé a un hombre mayor que estaba a mi lado y el me abrazó a mí como si me conociera de toda la vida cuando, en realidad, era la primera vez que nos veíamos. La Champions estaba a tiro de penalti..., y Kovacevic iba a ser el ejecutor. El serbio agarró el balón, lo colocó en el punto fatídico, y tomó carrerilla. Anoeta enmudeció esperando la sentencia de un partido agónico para gritar de alegría. Pero Kova falló. Nunca se me olvidará cómo sonó el estadio. Los gritos esperados se tornaron en una tremenda decepción y el sonido fue un golpe secó al unísono de todos los que allí estábamos. Un golpe secó contra las butacas. Uno al caer derrotados sobre ellas y otros, como fue mi caso, golpeándolas de pura rabia.

Tres partidos después, la Champions se le escapó a la Real en favor del Bilbao, que ganó el último partido en su estadio derrotando al Zaragoza con uno de los goles más vergonzosos que recuerdo.

Viendo el partido ante el Granada recordé aquel episodio por todas las similitudes comentadas. Y, probablemente, el final de la historia será el mismo y nos tendremos que 'conformar' con la Europa League en lugar de paladear las estrellas de la Champions.

Esa participación en Europa nos dejó una brillante trayectoria que finalizó cayendo ante el Atlético y con el trágico recuerdo de la muerte de Aitor Zabaleta. Luego llegaron las penurias ligueras; la inolvidable campaña 2002-2003; la participación en la Champions; el descenso a Segunda...

Ese gol de Recio en el descuento es otra de las cicatrices que mi magullado cuerpo txuriurdin luce desde ayer. Otro golpe más del que a buen seguro nos levantaremos, como lo hicimos en la historia que les acabo de contar. Lo único que espero es que la aventura que a partir de la próxima temporada se abre ante nuestros ojos sea bien gestionada por los rectores del club para no dejar pasar la oportunidad de llevar a este equipo a la estabilidad deportiva, económica y social. Ya la desaprovechamos una vez. Hacerlo de nuevo sería imperdonable.

25/04/13

My Way

De Comet a Izagirre

Los noventa minutos del partido de 1982 en El Molinón o los del Sánchez Pizjuán en 2008 (“Lo vas a recordar toda la vida. Ese sufrimiento, ese rival, ese campo vacío, hasta ese resultado. Así se forjan las leyendas del fútbol”) bastan para leer 'Mi abuela y diez más'. El lector no va a necesitar mucho tiempo más para dar cuenta del último libro de Ander Izagirre. Quizá con la prolongación de cinco minutos de ese choque plagado de asistencias médicas o con lo que dura una prórroga -como la que nos escamotearon en Hamburgo en 1983- basta. Hacen falta, en cambio, muchos minutos más, más partidos e incluso temporadas (casi todas deficitarias en tiempo, salud y dinero) para conocer todo lo cuela Izagirre entre esas líneas que suele explorar Griezmann.

Una serie de lugares comunes, entiéndanme bien, de lo que es la Real Sociedad. Porque el día de Sevilla Atlético (o Alavés, o Elche, o...) éramos muchos los que estábamos en la soledad de ese área técnica que es la alfombra de la sala de estar. Por momentos, hundidos en el sofá hasta que Bernabé García, González González o Pino Zamorano pitaban alguna judiada. Porque muchos hemos sido los que el día de tal partido señalado –en realidad, todos los que la Real juega en casa lo son, porque juega la Real-hemos estado lejos y hemos celebrado ese 1-0 de Ansotegi en el minuto 92 contra el Salamanca. O porque unos cuántos somos los que vivimos desengañados del fútbol, pero que no me toquen la Real ni me muevan demasiado los horarios de los partidos de Anoeta, que para algo pago mi abono.

Y por esos caminos nos lleva el autor, en un repaso a su vida realista que también es la del lector que tenga la buena suerte de ser de la Real. Y remata, como solía rematar Necati Ateş, con una predicción de las de dejarse apuntadas y echarlas en cara, aunque sea ochenta años después. Una profecía a la que espero que Illarramendi, Martínez y Vela le den la misma patada en la espinilla que la que le dieron Górriz, Zamora y López Ufarte a la maldición de monsieur Comet: “Ahora soy adulto, y sé que la Real jamás será campeona”. Ya. Como los del vídeo que sigue.


10/04/13

En caliente, por Diego Carasusán



Operación Bikini

Se acerca la recta final de la temporada y a todos aquellos que sentimos la competición muy dentro nos empiezan a brotar cosquilleos en el estómago a tanta velocidad como aplastamos los botones de la calculadora para hacer cuentas que, casi siempre, no sirven para nada.

Esta temporada ha sido tan exitosa que los nervios de abril sólo son debidos por alcanzar metas que, al principio de campaña, allá por el otoño de 2012, ni podía imaginar.

El principal de mis desvelos fue, es y será mi querida Real, en pugna por un puesto de Champions que, a día de hoy, ocupa con cuatro puntos de holgura sobre el Valencia. Y el margen podía ser mayor si el colegiado Hernández Hernández no hubiera cometido un error garrafal en el último partido de los 'ches' ante el Valladolid, permitiendo al Valencia marcar un gol en la última jugada del partido tras botar un saque de banda que él mismo había concedido al Valladolid. Así pues, la victoria del día anterior ante el Málaga (con mis hijos en las gradas de Anoeta por primera vez en su vida) quedó empañada el domingo por este chasco.

Ya en el plano más personal, y aunque al lector le pueda parecer algo menor, está mi trayectoria como futbolista aficionado y mi equipo de fútbol sala, el Sicom Ablitas Team. Se trata de un equipo de amiguetes que desde el año pasado estamos peleando en el Campeonato Local de Fútbol Sala de Tudela. La pasada temporada logramos ascender de Tercera a Segunda y este año estamos a una victoria de la machada de subir a Primera. Lo malo es que esa victoria la vamos a tener que sudar en la última jornada que nos queda. Al igual que la Real, el objetivo podía estar más cerca o, incluso, conseguido si nuestro perseguidor no hubiera tenido la enorme suerte de haber ganado esta semana su partido sin tener que jugarlo, ya que su rival no compareció al encuentro. Curiosamente, ese rival que 'regaló' la victoria a nuestro perseguidor es el mismo con el que la próxima semana nos jugaremos el todo por el todo..., pero así es el fútbol sala.

Y en lo que respecta al plano profesional también tengo un par de quebraderos de cabeza. Por un lado está el Ríos Renovables, equipo de Tudela que juega en la Primera División de la Liga Nacional de Fútbol Sala y que está peleando por un puesto de play off por el título en la que es su segunda temporada en la élite. Un servidor se encarga de seguir el devenir de este equipo, y la identificación con él, aunque sólo sea por las horas que le dedico cada semana, es cada vez mayor. Por el otro lado está el Tudelano, que después de muchos años en Tercera a regresado a Segunda B realizando una notable temporada bajo al dirección de un viejo conocido para la hinchada realista: Txema Lumbreras. Los blanquillos están en puesto de acceso a la próxima Copa del Rey e, incluso, si hay algo de suerte, pueden pelear por meterse en el play off de ascenso.

Como ven, tengo cuatro frentes abiertos y un par de meses para que todo se resuelva. No sé cómo terminará cada una de estas cuatro historias pero pueden apostar que un servidor no parará de perder peso de aquí hasta que acabe esta temporada. ¡Bendito deporte!

02/04/13

My way

De Espanyol a Espanyol

Esta semana se cumple una vuelta de cuando pensé que lo más sensato era que el consejo de administración diera a final de temporada a Philippe Montanier las gracias por los servicios prestados. La principal razón, quedó escrita, era, pese a la entonces insuficiente progresión futbolística del equipo, el ambiente generado en torno a un entrenador traído de Vernon previo pago insólito de una cláusula y al que alguno le puso la vitola de “Guardiola francés”.

Aquel escenario a la larga no podía ser sano, y no porque Montanier decidiera alinear a Zubikarai; Carlos Martínez, González, Martínez, De la Bella; Markel, Illarramendi; Estrada, Prieto, Vela; y Agirretxe contra el Espanyol en Anoeta. En el partido de vuelta, Estrada y Vela dejaron su sitio a Griezmann y Zurutuza. Tampoco por la derrota en un partido que la Real mereció ganar. La discrepancia era entonces y es ahora necesaria e imprescindible en un club que pretende ser ambicioso.

La falta de respeto, en cambio, sobra. Considerar unos cambios durante el partido o cualquier otra decisión técnica, por erróneas que fueran –siempre las ha habido, siempre las hay y siempre las habrá-, como “falta de respeto”, “propias del peor enemigo” o “insulto a afición” era entonces y es ahora desbarrar. Y uno, que nunca ha dicho de Montanier nada similar en público ni lo ha pensado en privado, lo puede recordar cuando la feliz corriente de opinión pide hoy renovar al técnico. Con la tranquilidad que le da una hemeroteca vacía de histerismos, faltas de respeto y desbarres sobre el galo.

Este ejercicio de hoy, a diferencia de aquel en el que apenas entré a hablar de fútbol en mitad del griterío, lo debo escribir y publicar por coherencia, para poder seguir asomándome tranquilo de vez en cuando por este balcón. Para poder tuitear sin que se me caiga la cara de vergüenza. Para pretender ser creíble, porque al final, aquella plantilla de “confección mejorable” ha acabado por resultar estupenda y capaz de salir de aquel nada ambicioso “estado natural de las cosas” y la “gris aspiración de subsistir mientras el equipo no vaya mal” que critiqué. Lo que dije y lo que digo. Me alegro de haberme equivocado.

En la medida en que ese ambiente que hacía irrespirable el día a día se ha apaciguado a fuerza de puntos, golazos y juego notable (en realidad, el camino suele ser el inverso, del juego a los puntos), no hay razones objetivas para que Philippe Montanier no tenga en su mesa una oferta atractiva para continuar en Anoeta. Como tampoco las había, cumplidos los dos objetivos principales que el consejo le marcó, para destituir a Martín Lasarte. Todavía habrá quien piense que con otro entrenador (o incluso sin técnico) la Real pelearía hoy por la Liga.

Es lo que hay. Porque tenemos a quien, puesto todo en una balanza, le pesa más “el excesivo periodo de aprendizaje” que necesitó Montanier que todo lo que ha venido después. Como si para el después del partido contra el Espanyol en Anoeta no hiciera falta un antes del partido contra el Espanyol en Anoeta. Como si lo más importante en un triunfo de la Real no fueran los goles, el juego y los tres puntos sino aquellos futbolistas que el técnico galo no ha alineado. Para algunos, que han bajado su volumen de voz, nada de lo realizado vale y antes que reconocer que quizá se equivocaron -una pizca aunque sea-, exigen aún: “Montanier, kanpora”.

Otros, sin embargo, empiezan a virar sin explicar cuál era la razón que les llevaba a tener hace diecinueve partidos y meses atrás, hasta en insulsos amistosos veraniegos, aquella fijación con el técnico francés. Incluso asociaciones de aficionados, a las pocas semanas de que arrancara el nuevo proyecto en 2011, se jugaron a una carta toda su credibilidad, ganada poco a poco y de manera merecida en una época de convulsión institucional. Como este ejemplo, hoy podríamos echar mano de hemeroteca y recuperar otros más. Con nombres y apellidos. Más graves incluso. Ver dónde estábamos y dónde estamos. Cada uno lo sabrá. Algunos de estos conversos son los mismos que ahora están en las primeras filas de la iglesia adorando al nuevo mesías. Algunos son los mismos que rogaron a Lotina que siguiera. Los mismos con los que el sábado animaré codo con codo para ayudar a derrotar al Málaga.

Lo mismo que hace 19 partidos había quien sostenía que a un profesional como Montanier “le dictan las alineaciones”, hoy afirma que “a Montanier le ha ido bien porque nos ha hecho caso”. Y punto. Hay gente que reproduce este discurso a pies juntillas. Y hay gente que se cree este discurso. Lo cuenta y lo tuitea convencida. Por esta razón embiste ahora contra Madrid cuando algunos de sus columnistas –la mayoría de las veces, dados al oportunismo y casi siempre alejados de lo que ocurre en Donostia, dicho sea- no entienden por qué el galo fue tan criticado en épocas pasadas.

Es la sutil ciaboga que algunos antimontanieristas mestallizados utilizan estos días para su viraje. Algunos de los que llegaron a desear que la Real perdiera dos partidos más para despedir al de Vernon y relevarlo por el ruso que eligió irse a Sevilla se autojustifican hoy con críticas a esos opinadores de la capital que se sorprenden de que Montanier generara tanta animadversión (o si no era tanta, sí muy ruidosa). Ventajista Madrid, habla ahora, cuando la Real vuela por las alturas, se quejan los más visionarios. “Nosotros ya sabíamos que esta Real iba a andar muy alto si Montanier se lo permitía”.

Se lo ha permitido, conviene recordar dentro de esa absurda lógica discursiva de enemigo en casa que sumó adeptos durante algunos meses. Los mismos con los que, junto a la gran masa que ha permanecido silenciosa en esta historia, el sábado animaré. La hemeroteca es capaz de hacer trizas a muchos conversos que hoy deberían ponerse en la cola. Es muy difícil llevarse bien con los archivos cuando uno es periodista y debe interpretar día a día procesos que a veces duran semanas o meses y no están concluidos. Más aún si uno es tuitero de los de bar. Y escribo, quizá no tan claro como está hablando la Real estas semanas sobre el césped -que es lo único que importa-, poniendo por delante lo que escribí en noviembre. Reafirmándome en las opiniones de entonces, los mestallizados -un número reducido en comparación del ruido que se generó- y el coste/rendimiento de aquella plantilla, en lo dicho sobre Martín Lasarte y sobre la gestión realizada en su despido, también sobre la manera en que el consejo expuso a Montanier a los pies de los caballos. En todo, salvo en la petición realizada.

Ahora que, por fin, solo se discute con cordura sobre fútbol (la mejor noticia que puede haber en cualquier club) y que nos preparamos –todos juntos, porque haremos falta todos– para un partido importante como el del sábado, Montanier, si no decide que le pesa más lo ingrato del antes del partido contra el Espanyol en Anoeta que lo grato del después y decide marcharse, debe continuar. Será una buena noticia.