En caliente, por Diego Carasusán
Aquel penalti de Kovacevic
Hay instantes que se quedan grabados para siempre. Momentos que, al vivirse con tanta pasión, se marcan en el alma hasta la muerte. En mi particular historia de amor con la Real hay muchos de esos fogonazos que llevo en el cuerpo como cicatrices perennes. Ayer, cuando la Real empataba a uno ante el Granada, recordé una de esas heridas de guerra.
Era también en Anoeta, también en lunes, también en partido televisado, y también con la Champions en juego a cuatro jornadas para el final. El rival era el Deportivo de La Coruña, y el partido llegó a los minutos finales con un empate a uno que no servía de mucho a una Real que había gozado de infinidad de oportunidades para marcar sin conseguirlo. Creo recordar que fue en el descuento cuando Gica se internó en el área y fue objeto de penalti. El éxtasis se apoderó de una grada que presentaba una magnífica entrada pese a ser un lunes. Yo estaba ahí. Me abracé a un hombre mayor que estaba a mi lado y el me abrazó a mí como si me conociera de toda la vida cuando, en realidad, era la primera vez que nos veíamos. La Champions estaba a tiro de penalti..., y Kovacevic iba a ser el ejecutor. El serbio agarró el balón, lo colocó en el punto fatídico, y tomó carrerilla. Anoeta enmudeció esperando la sentencia de un partido agónico para gritar de alegría. Pero Kova falló. Nunca se me olvidará cómo sonó el estadio. Los gritos esperados se tornaron en una tremenda decepción y el sonido fue un golpe secó al unísono de todos los que allí estábamos. Un golpe secó contra las butacas. Uno al caer derrotados sobre ellas y otros, como fue mi caso, golpeándolas de pura rabia.
Tres partidos después, la Champions se le escapó a la Real en favor del Bilbao, que ganó el último partido en su estadio derrotando al Zaragoza con uno de los goles más vergonzosos que recuerdo.
Viendo el partido ante el Granada recordé aquel episodio por todas las similitudes comentadas. Y, probablemente, el final de la historia será el mismo y nos tendremos que 'conformar' con la Europa League en lugar de paladear las estrellas de la Champions.
Esa participación en Europa nos dejó una brillante trayectoria que finalizó cayendo ante el Atlético y con el trágico recuerdo de la muerte de Aitor Zabaleta. Luego llegaron las penurias ligueras; la inolvidable campaña 2002-2003; la participación en la Champions; el descenso a Segunda...
Ese gol de Recio en el descuento es otra de las cicatrices que mi magullado cuerpo txuriurdin luce desde ayer. Otro golpe más del que a buen seguro nos levantaremos, como lo hicimos en la historia que les acabo de contar. Lo único que espero es que la aventura que a partir de la próxima temporada se abre ante nuestros ojos sea bien gestionada por los rectores del club para no dejar pasar la oportunidad de llevar a este equipo a la estabilidad deportiva, económica y social. Ya la desaprovechamos una vez. Hacerlo de nuevo sería imperdonable.
Era también en Anoeta, también en lunes, también en partido televisado, y también con la Champions en juego a cuatro jornadas para el final. El rival era el Deportivo de La Coruña, y el partido llegó a los minutos finales con un empate a uno que no servía de mucho a una Real que había gozado de infinidad de oportunidades para marcar sin conseguirlo. Creo recordar que fue en el descuento cuando Gica se internó en el área y fue objeto de penalti. El éxtasis se apoderó de una grada que presentaba una magnífica entrada pese a ser un lunes. Yo estaba ahí. Me abracé a un hombre mayor que estaba a mi lado y el me abrazó a mí como si me conociera de toda la vida cuando, en realidad, era la primera vez que nos veíamos. La Champions estaba a tiro de penalti..., y Kovacevic iba a ser el ejecutor. El serbio agarró el balón, lo colocó en el punto fatídico, y tomó carrerilla. Anoeta enmudeció esperando la sentencia de un partido agónico para gritar de alegría. Pero Kova falló. Nunca se me olvidará cómo sonó el estadio. Los gritos esperados se tornaron en una tremenda decepción y el sonido fue un golpe secó al unísono de todos los que allí estábamos. Un golpe secó contra las butacas. Uno al caer derrotados sobre ellas y otros, como fue mi caso, golpeándolas de pura rabia.
Tres partidos después, la Champions se le escapó a la Real en favor del Bilbao, que ganó el último partido en su estadio derrotando al Zaragoza con uno de los goles más vergonzosos que recuerdo.
Viendo el partido ante el Granada recordé aquel episodio por todas las similitudes comentadas. Y, probablemente, el final de la historia será el mismo y nos tendremos que 'conformar' con la Europa League en lugar de paladear las estrellas de la Champions.
Esa participación en Europa nos dejó una brillante trayectoria que finalizó cayendo ante el Atlético y con el trágico recuerdo de la muerte de Aitor Zabaleta. Luego llegaron las penurias ligueras; la inolvidable campaña 2002-2003; la participación en la Champions; el descenso a Segunda...
Ese gol de Recio en el descuento es otra de las cicatrices que mi magullado cuerpo txuriurdin luce desde ayer. Otro golpe más del que a buen seguro nos levantaremos, como lo hicimos en la historia que les acabo de contar. Lo único que espero es que la aventura que a partir de la próxima temporada se abre ante nuestros ojos sea bien gestionada por los rectores del club para no dejar pasar la oportunidad de llevar a este equipo a la estabilidad deportiva, económica y social. Ya la desaprovechamos una vez. Hacerlo de nuevo sería imperdonable.