27/04/11

En caliente, por Diego Carasusán*

Sigo creyendo


La temporada pasada, a falta de cinco jornadas para acabar la Liga, la Real tenía el ascenso en la mano. Pese a ello, muchos mirábamos el calendario y, haciendo gala de nuestro ancestral pesimismo txuri-urdin, pocos veíamos que fuéramos a ascender.

Haciendo partícipes de mis malos augurios a futboleros de mi entorno, todos veían con claridad que el ascenso realista era un hecho. Yo me esforzaba por hacerles ver que la cosa estaba muy chunga.

Mi razonamiento era el siguiente: Perderíamos en Sevilla contra el Betis, un equipo que siempre se nos ha dado muy mal en su feudo y que pugnaba con nosotros por ascender. Luego no seríamos capaces de ganar a un gallito de la categoría como el Villarreal B, que jugaría en Anoeta sin presión alguna. Luego caeríamos en Cádiz, otro campo del sur en el que los locales se jugaban el descenso a Segunda B. El tortazo final llegaría en casa contra el Celta de Vigo, auténtica bestia negra de la Real en la temporada del subcampeonato. Para rematar la faena, y en el mejor de los casos, pensaba llegar con alguna mínima opción de ascenso al campo del Elche, donde, por supuesto, tampoco ganaríamos al enfrentarnos al portero maldito para la Real, Willy Caballero; y al pichichi de la temporada, Jorge Molina.

Tan convencido estaba del desastre, que llegué a apostar bastantes euros en contra de la Real ante varios de esos futboleros que no veían semejante hundimiento por ningún lado.

Como seguramente recordarán, perdimos en Sevilla en uno de los atracos a ‘silbato armado’ más sonados de nuestra historia más reciente, pero ganamos al Villarreal B con un estadio volcado y unos jugadores mordiendo en todas las esquinas del terreno de juego. Luego logramos ganar con relativa facilidad al Cádiz en una tarde calurosa de las que, a priori, se le atragantan a la Real y, por fin, llegó el ascenso ante un Celta de Vigo que no llegó a ser amenaza alguna. El partido del Elche, ese que creía iba a ser el primero de una nueva temporada en Segunda División, nos sobró.

Ahora, como hace un año, veo imposible ganar al Barcelona en Anoeta y menos aún al Valencia en su estadio. Creo que el Zaragoza nos mojará la oreja en casa y que el Sevilla nos aplastará en su estadio donde se estarán jugando una plaza europea. Así, llegaremos al último partido contra el Getafe en puestos de descenso y ni siquiera una victoria ante los madrileños nos servirá para salvarnos. ¡Estamos en Segunda otra vez!

Al igual que entonces, mis amigos futboleros dicen que la Real no pasará problemas para mantener la categoría. Pero yo no veo solución alguna a esta caída libre sin frenos que llevamos padeciendo desde hace dos meses.

De todos modos, hay una cosa distinta. Aquel 13 de junio de 2010 me prometí a mi mismo no volver a dudar de la Real Sociedad. Ese día, mi equipo me demostró que todo puede ser distinto si se cree en uno mismo y se trabaja duro y con fe para conseguir lo que se quiere. Aquel 13 de junio de 2010 algo cambió en mi interior. Aprendí que nunca hay que tirar la toalla mientras se tenga una mínima esperanza. La anterior generación de realistas sabe mucho de eso por aquel extraordinario logro que se alcanzó en Gijón una tarde de abril de 1981.

Este equipo es capaz de lo peor, eso lo sabemos todos, pero también ha demostrado poder hacer cosas maravillosas.

Por todo esto, yo creo (y lo haré siempre) en mi querida Real.

*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.

26/04/11

Treinta años, cuatro visiones, un título

Treinta años, un descenso, un regreso o tres títulos después, la Real celebra hoy las tres décadas desde que Jesus Mari Zamora marcara, en una lluviosa tarde de Gijón y sin que los asturianos echaran balones al campo para entorpecer el juego, el gol que desbarató la penitencia que Juanito debía hacer de rodillas en el viejo Zorrilla. Ese gol -y solo ese- que, como contó Diego Carasusán en 100 en Primera, "cambió la historia". "¿Y tú dónde estabas?". Yo no estaba, pero lloro como si hubiera estado. Porque hoy es casi imposible ver ningún césped de Primera como el de El Molinón. Porque hoy es casi imposible ver a un equipo ganar la Liga.


Narración de Tablero deportivo, de RNE (5:03).





Primera parte del resumen del partido, con la narración de José Manuel Gozalo (9:43).



Segunda parte del resumen del partido (3:17).





Cortometraje de Rafa Gabino Sporting 2 Real 2. Porque hay cosas que no se olvidan (10:18).





Narración histórica del desaparecido Josean Alcorta en Radio Popular (1:29).


En ese momento solemne, a las 19 horas y 15 minutos del 26 de abril de 1981 culminó la aventura sideral iniciada en Puertollano catorce años y tres días antes. Un grito rasgó el firmamento y por la grieta, el ascensor ascendió a los cielos. San Pedro no reconoció al intruso hasta que vio a San Sebastián alborozado y aliviado de sus saetas. Ni San Mamés pudo evitar un guiño de complicidad. Inmortales glorias del Orfeón Donostiarra entonaron el Aleluya de Haendel ante la perplejidad del Mesías. Monsieur Comet ["jamás la Real será campeona"] había concedido, al fin, una alegría.

24/04/11

Jornada 33: Athletic 2-1 Real Sociedad

Tacos


La muerte dulce, por dulce, no deja de ser muerte. La Real patinó más de una vez por culpa de los tacos de sus botas y acabó por hincar las rodillas en San Mamés en un duelo que duró cuarenta y cinco minutos. La primera parte: en concreto, hasta el 2-1. A partir de ahí y antes, tanto los quince minutos finales del primer acto como todo el segundo, fue un ir y volver a la portería de un Raúl Fernández que debutaba y se doctoraba en la puerta bilbaína.

Y punto final, porque los realistas atinaron de tres cuartos en adelante entre poco y muy poco. Mucho balón largo -como si fueran ese Athletic que acabó con ¡seis amarillas en los últimos treinta minutos!-, poca cabeza y menos coherencia a la hora de torpedear una defensa que, por momentos, echaba la gota gorda ante un peligro real más bien escaso.

En la resaca del derby, muchos realistas todavía se preguntan por qué no se trajeron el que sería su segundo empate a domicilio de la temporada tras el de Almería (segunda jornada). Otros, los pocos, se congratulan y se lamentan al mismo tiempo de que los de Lasarte explotaran por una vez y dejaran de hacerlo el resto la única vía que tenía peligro en San Mamés.

Entrar en el área con el balón controlado se suele premiar. La Real tiene futbolistas para ello: desde atrás, un Aranburu que recuperó tono; más adelante, Griezmann, Zurutuza o Prieto. Fue precisamente el antiguotarra objeto de un penalti que, con 2-1 y camino al descanso, podía haber cambiado mucho el escenario, porque antes la Real había reducido distancias en un pase de la muerte de Griezmann con el que Javi Martínez acuchilló a su guardameta.

La caverna mediática del Botxo -también existe- contraargumentará ese posible penal con la pena máxima que le hizo Ansotegi a Llorente, las dos o las cinco que Fernández Borbalán dejó sin señalar. Sin reconocer explícitamente que Prieto fue objeto de falta en el área, lo reconocerán como tal al ponerlo al mismo nivel que lo sufrido por el atacante riojano.

Es un estilo que funciona. Durante la semana, el Athletic lloró, recurrió, se comparó con Pepe y, como la orca simpática aquella que saltaba por encima de un espigón, liberó a Muniain poco antes de que empezara la película. Armó el taco por la izquierda -que la Real sepa cerrar las bandas ante el rival que sea empieza a ser tan inalcanzable como el sueño del Parnaso- y empujó, tras un error clamoroso de Diego Rivas en la marca, un balón que Bravo había atajado a uno de los pocos disparos de Llorente. El tanto diluyó la consistencia -no muy sólida, es cierto- que habían mostrado los de Lasarte y llevó al Athletic al 2-0.

De nuevo el atacante de Rincón del Soto en la jugada: deja a Toquero y cruza un disparo ante el que Bravo, que salvaría dos ocasiones claras en el partido, poco pudo hacer. Un par de minutos después, la Real redujo distancias gracias a un nuevo autogol del Athletic -en la ida San José se cubrió de gloria- y puso mucha inquietud sobre el campo bilbaíno.

En la segunda mitad llegaría una ocasión de Diego Ifrán en el primer palo; Demidov en el segundo a la salida de un córner -el primer gol que marque el noruego con la Real será más difícil que ese tiro- y un chut de Prieto al que respondió Fernández con tranquilidad. El conjunto de Caparrós, consciente de lo que tenía y, por lo tanto, de lo que carecía, se agazapó en torno a su área y el campo, su propio campo, empezó a hacérsele tremendamente largo. Tan solo tuvo una ocasión digna de mención en la segunda parte: un tiro de Javi Martínez con asombrosa facilidad en una falta en la que la defensa de la Real se fue, en un momento, a Babia.

Casi para no volver, porque los balones parados que tenían los de Lasarte a favor iban, salvo el de Demidov, cada vez peor tirados. Griezmann, que rondó el gol sobre todo en la primera mitad, acertó en casi ningún tiro o centro y no lució del todo por dentro como se esperaba cuando el técnico uruguayo sentó a Zurutuza por Sutil para meter por dentro al francés. Tamudo también estaba en el campo, pero no tuvo su noche.

Lasarte no hizo el tercer cambio: no tenía nada con lo que dar respuesta a tanto pelotazo y tanto descontrol en el que se había convertido el partido. No tenía a un Llorente, ni Fernando ni Joseba. Caparrós sentó al suyo: el cuento estaba finiquitado. Se podían haber jugado otros noventa minutos más -físicamente la Real era muy superior a un equipo que quiere ganarse una plaza europea-, que el resultado no hubiera cambiado porque la Real no pulsaba las teclas necesarias. Esas mismas que en un par de jugadas había tocado.

Dirán que, viniendo la Real de donde venía y cómo venía, perder así en Bilbao no es malo. Lasarte incluso se atrevió en la rueda de prensa: "Si no ganamos, si no empatamos, que por lo menos sea de esta manera". Sí, pero no es consuelo al pensar que el empate estaba en la mano. No conseguir un resultado positivo en Bilbao ante un equipo que es lo que es y no más es una frustración. Y como tal hay que asumirlo, más allá de lo positivo de alejar el recuerdo de partidos como contra Hércules o Málaga.

La Real volvió a funcionar sin funcionar. Enchufó ganas a un cuerpo que en A Coruña dio pena y a punto -en el fondo, les cuento, no tan cerca como parece- estuvo de rascar un punto en San Mamés. Esa plaza donde, con más boca y espíritu que juego, la mayoría auguraba de salida un 5-0. Pudo hacerse realidad en el minuto 24, cuando los realistas se acongojaron y dejaron de vituperar tacos feos y gordos. Era un duro espejismo en el que las bandas de la Real se evaporaban, la defensa del balón parado se convertía en agua de borrajas y que duró tan solo quince minutos, los que fueron del 0-0 al 2-1.

Todo esto, poco, fue, sin embargo, suficiente.




Ficha técnica
Athletic Club: Raúl, Iraola (De Marcos, min. 50), Ekiza, San José, Amorebieta (Gurpegui, min. 67), Javi Martínez, David López, Muniain, Toquero y Llorente (Susaeta, mni. 78).

Real Sociedad: Bravo, Carlos Martínez, Ansotegi, Demidov, Estrada, Rivas, Aranburu, Prieto, Griezmann, Zurutuza (Sutil, min. 73) e Ifrán (min. 58 Tamudo).

Goles: 1-0: Muniain, min. 18; 2-0: Toquero, min. 28; 2-1 Javi Martínez, p.p., min. 32.

Árbitro: Fernández Borbalán (colegio andaluz). Amarillas a Orbaiz, San José, Toquero, Gurpegui, Amorebieta, De Marcos; Aranburu, Tamudo.


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- Crónica EFE.
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